Cristalizar es detener el tránsito; una crisálida, en cambio, contiene la promesa de la transformación.

CRISÁLIDAS se enmarca en el género del retrato y se centra en sujetos que desbordan las categorías normativas de sexo y género: mujer/hombre, masculino/femenino, construidas culturalmente desde el siglo XVIII, fue entonces, cuando la diferencia sexual dejó de percibirse como un continuo para fijarse una división binaria, naturalizada y jerárquica.

En este proyecto, retratos, cuerpos y flores se mezclan para visibilizar y celebrar la belleza de “lo diverso” desafiando la lógica dicotómica que pretende clasificar y dominar.

Los cuerpos ambiguos han sido catalogados como monstruos, prodigios, y luego anomalías o trastornos que hay que tratar. Aquí, se los sitúa en un espacio de reconocimiento. Nadie es un monstruo, y todos lo somos: construimos nuestros cuerpos y repetimos gestos y comportamientos que la sociedad asigna al “masculino” y al “femenino”, naturalizando roles que son convenciones. Como nos recuerda Judith Butler, el género es una performance: una obra teatral que repetimos y repetimos, naturalizándola.

El cuerpo no es impermeable: es poroso, atravesado por la cultura y las luchas de poder, y en esa fricción, reside su potencial desestabilizador e inquietante. El cuerpo trans comparte algo del cuerpo ciborg de Donna Haraway, nos permite imaginar un horizonte utópico sin límites fijos de género.

Los cuerpos desnudos parecen en proceso de transformación, de sublimación, y de tensión hacia lo alto; De esta manera se rompe con la asociación que, como con el cuerpo femenino se hace, de reducirlo a la representación de todos los polos negativos de las dicotomías con las que aprehendemos el mundo.

Las flores pertenecientes a una colección de modelos clásticos cuya finalidad es la enseñanza de la botánica, nos remiten a ese afán de dominar la naturaleza clasificándola, introduciéndola en categorías y nombrándola, pero también, nos hablan de una carne moldeable, artificial, plástica, como la de muchos individuos que mediante la tecnología y la medicina, pueden ser transformados para adecuarse a su identidad y/o a la cultura que nos dirige a todos.

Las flores también nos recuerdan la irreductible variedad de la naturaleza, siempre “en tránsito”. Sin la mutación, no existiría la evolución, “la naturaleza es trans” como nos recuerda Brigitte Nielsen.